Lecciones de nuestra historia que no debemos olvidar

Por: Ismael Reyes Cruz, presidente del PDI.- Somos parte de una sociedad olvidadiza. Gente que vivimos tras la prisa del día a día. Con males ancestrales que datan desde antes de la misma formación de la República.

Primero fue Pedro Santana. El hatero del Este. Después Buenaventura Báez. El hombre del Sur, el afrancesado.
La Espada libertadora de Gregorio Luperón, pronto dio paso al alumno dictador, Ulises Heroux (Lilis). Y así se desarrolla la historia dominicana.

Ismael Reyes Cruz, presidente del PDI.

Ahora, una cúpula del PLD que no se atreve a recordar que el Dr. Joaquim Balaguer les regaló el poder, sin que el hijo de Navarrete sospechara lo que hacía.

Míseros gentiles que a veces merodeaban para pedir una peseta para poder comer, con menos de 20 años en el poder son verdaderos potentados, cuyas fortunas superan a las de las élites tradicionales adineradas.

Tienen fundaciones de lujo. Yates, helicópteros y aviones de última generación, mientras un 40% de su pueblo defeca en letrinas, y la mitad de la gente no tienen agua potable.

Una clase política que es hoy más bien, un “clan”. Un grupo bien organizado pero para delinquir.

La Justicia le pertenece y le obedece. El Congreso parece ser una banda de charlatanes inagotables que tornan sus sesiones en vacíos torneos oratorios, en retorica vacua que solo dañan el país.

Hasta el respetable cuerpo del periodismo dominicano, valiéndose de periodistas pretenciosos y panfleteros desvergonzados, lo han convertido en una camada de sedientos mercenarios que reciben montones de dinero robados al pueblo para que silencien los verdaderos males del país.

Todos parecen olvidar que los abusos desde el poder siempre preparan el desplome de las instituciones que sucumben atropelladas por el levantamiento iracundo de las multitudes irrefrenables.

Señores que hoy detentan los poderes públicos, recuerden que el pueblo dominicano no podrá ser esclavizado por mucho más tiempo, a pesar del yugo que ustedes les imponen a través de las funditas y las llamadas tarjetas de solidaridad.

A la sombra del silencio hay un pueblo que gime y sufre, y que se prepara para en su oportunidad pasar factura a sus verdugos.

Ismael Reyes